Nadie puede acabar con una torre. Se trata de Bienes de Interés Cultural declarados por la Junta de Andalucía. Por ello, estén en propiedad pública o privada, deben ser respetados. Pero el respeto, no siempre es sinónimo de cuidado, que es lo que realmente necesitan estos gigantes de piedra que jalonan la costa malagueña.